Dimensión contemplativa de Kriya Yoga


La oración contemplativa es una de las formas de oración más valiosas que nos ha legado el cristianismo.


Es posible rastrear su origen hasta las enseñanzas de Jesús recogidas en el bloque del Sermón del Monte dedicado a la oración, tal como aparece en el evangelio de Mateo. Justo antes de exponer el Padrenuestro, Jesús instruye a sus discípulos en cómo debe ser su forma de orar:


Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. (Mateo 6,6).

Estas palabras de Jesús invitan al silencio (exterior e interior) y, a través de él, a la comunión con Dios en una relación que va más allá de las palabras, de las imágenes y de los sentimientos.


Es posible remontarse aún más en el tiempo y encontrar en la biblia hebrea (nuestro Antiguo Testamento) una invitación a la contemplación similar a la de Jesús, pues a fin de cuentas la enseñanza del maestro galileo hunde sus raíces en el pensamiento judío. Estas palabras están recogidas en el salmo 46:


Estad quietos, y sabed que yo soy Dios. (Salmos 46,10).

La oración contemplativa no está limitada a las órdenes religiosas que en forma tan singular la han desarrollado (entre las que se encuentran las órdenes benedictina, cisterciense, trapense, carmelita, etc). Por el contrario, sus fuentes se encuentran disponibles para todos los buscadores que deseen beber de ellas.



A Thomas Keating, monje trapense recientemente fallecido, se debe el método llamado de oración de centrado (aunque su nombre original en inglés, Centering Prayer, se suele traducir como oración centrante, he preferido utilizar la forma oración de centrado, pues la palabra centrante no existe en español). Este método pone las bases para acceder al estado contemplativo. Las palabras de Jesús recogidas en Mateo 6,6 antes citadas escalonan la oración en tres fases:


  1. Silencio exterior: corresponde a la primera parte del versículo (entra en tu aposento). En esta etapa buscamos un lugar que propicie la oración, lejos del tumulto de la vida diaria y de los ruidos exteriores.

  2. Silencio interior: corresponde a la segunda parte del versículo (cerrar la puerta). En esta etapa cesamos el diálogo interior, la corriente de divagaciones (o al menos lo intentamos).

  3. Comunión con Dios: corresponde a la última parte del versículo (ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto). Esta etapa es la contemplación en sí.

El método de la oración de centrado corresponde a las dos primeras de las etapas anteriores. Es la puerta para acceder a la tercera etapa, la unión con Dios, es decir, la oración contemplativa en sí.


Hay muchos recursos para aprender la técnica de la oración de centrado. Varios autores, entre ellos el propio Thomas Keating, la han descrito en numerosos libros. Sus líneas básicas se estructuran en una sucesión de cuatro puntos:


  1. Elige una palabra sagrada como símbolo de tu intención de consentir la presencia y la acción de Dios en tu interior.

  2. Sentado cómodamente y con los ojos cerrados, sosiégate brevemente e introduce silenciosamente la palabra sagrada como símbolo de tu consentimiento a la presencia y acción de Dios en tu interior.

  3. Cuando te des cuenta de que te has dejado llevar por un pensamiento, regresa muy suavemente a la palabra sagrada.

  4. Al final del período de oración permanece en silencio, con los ojos cerrados, por un par de minutos.


La oración contemplativa no es exclusiva del cristianismo. Ha existido, aunque con otros nombres, en el hinduismo desde hace siglos. No es de extrañar que sea así cuando a los místicos hindúes se les ha otorgado en muchas ocasiones el calificativo de los locos por Dios. El ideal de la unión contemplativa con el Ser Infinito está presente en todas las formas de la espiritualidad india. La comunión con la divinidad se concibe en esta tradición milenaria como una meta que se puede alcanzar a través de diversos caminos: el conocimiento, la acción, la devoción, o el yoga.


Las diversas formas de meditación que se enseñan en las escuelas nacidas en el seno de la religión hindú comparten con la oración contemplativa cristiana, por regla general, el anhelo de unión con el Ser Supremo, el deseo de fusión con ese Océano Infinito de Luz. No es una excepción a esta regla el camino espiritual que subyace en la práctica de Kriya Yoga.


Kriya Yoga es una técnica de meditación que estuvo perdida durante siglos y cuyos orígenes se pierden en un pasado incierto. En el siglo XIX fue enseñada abiertamente por el gran maestro indio Lahiri Mahasaya (1828-1895), de quien pasó, junto a otros muchos discípulos, a Swami Sri Yukteswar Giri (1855-1936), que a su vez la transmitió a Paramahansa Yogananda (1893-1952). Yogananda difundió esta técnica en occidente durante la primera mitad del siglo XX.


Kriya Yoga se transmite directamente de maestro a discípulo a través de una ceremonia de iniciación. Esta característica implica un compromiso de confidencialidad por parte del discípulo que la recibe, por lo que los detalles de esta práctica solo se pueden obtener a partir de un maestro cualificado que tenga la autoridad de conferir la iniciación. No puedo por lo tanto hablar aquí de la técnica en sí, pero sí puedo situar Kriya Yoga en el contexto del camino espiritual contemplativo.



Kriya Yoga se inserta en un conjunto de varias técnicas cuyo fin es conducir al kriyaban (la persona que se ejercita en Kriya Yoga) a un estado psicofísico que le permita la inmersión en la contemplación, es decir, en la comunión con el Ser Infinito. Podríamos decir por lo tanto que la práctica de esta forma de yoga corresponde, al igual que la oración de centrado, a las dos primeras fases de las tres mencionadas antes al desglosar el significado de las palabras de Jesús recogidas en Mateo 6,6.


Sería posible, por lo tanto, relacionar la oración de centrado y Kriya Yoga diciendo que ambas constituyen caminos paralelos para acceder al estado contemplativo. Son, pues, dos rutas de acceso a la misma meta.


La contemplación no es en realidad el resultado de un ejercicio de la voluntad, sino un estado interior que se nos regala cuando el Espíritu que mora en nuestro interior, reflejo del Ser Infinito, nos mueve más allá de la experiencia ordinaria. No podemos, pues, forzar la contemplación. Nuestra tarea es más bien poner las causas que conducen a ese estado o que, al menos, podrían facilitarlo. Es por esta razón que resulta muy conveniente sumar todas las condiciones que lo favorezcan.


¿Es posible unir las dos vías de acceso a la contemplación que he mencionado hasta ahora? Es decir, ¿es posible hacer de Kriya Yoga y de la oración de centrado una sola práctica? La respuesta es sí. Es necesario en este punto aclarar que la unión de ambos métodos no constituye una mezcla heterogénea de sustancias que nada tienen que ver entre sí, como muy fácilmente podría deducirse considerando las diferentes naturalezas del yoga y de la oración cristiana.


Formalmente, el yoga es muy diferente de la oración cristiana, pero ambas técnicas comparten el fin al que van destinadas, que no es otro que la comunión con el Ser Supremo.


¿Cómo podemos combinar ambos métodos de una manera armoniosa de modo que el resultado final sea una práctica que refuerce el acceso a la contemplación?



Como comentaba más arriba, Kriya Yoga es en realidad uno de los ingredientes (el principal) de un conjunto de varias técnicas que se practican siguiendo un orden fijo. La secuencia completa es la siguiente:


  1. Los ejercicios energéticos, que constituyen una forma de pranayama, es decir, de control de la energía vital.

  2. La técnica de concentración Hong-So, que permite calmar la mente y el ritmo cardíaco.

  3. La meditación en el sonido primordial Om.

  4. Kriya Yoga.

  5. Meditación para alcanzar la comunión con Dios.


Es en el último punto, el número 5, donde puede encajar a la perfección la oración de centrado.


El tiempo de meditación posterior a la ejecución de Kriya Yoga es el momento idóneo en el que la oración de centrado casa como anillo al dedo. La meditación indicada en el punto 5, meditación para alcanzar la comunión con Dios, y la oración de centrado son, utilizando una metáfora muy simple, agua del mismo manantial contenida en dos botellas de diferentes formas, colores y marcas. La apariencia externa es diferente pero el contenido es idéntico.


La nueva secuencia quedaría, por lo tanto, de la siguiente forma:


  1. Ejercicios energéticos.

  2. Técnica de concentración Hong-So.

  3. Meditación en Om.

  4. Kriya Yoga.

  5. Oración de centrado.


En las páginas 35 y 36 de la edición del vigésimo aniversario del libro de Thomas Keating Open Mind, Open Heart (Mente abierta, corazón abierto) se nos dice


Si, como cristiano, utilizas algún método físico o psicológico orientado a calmar la mente, te sugiero que lo pongas en el contexto de la oración. Por ejemplo, si usas cierto conjunto de ejercicios para calmar tus pensamientos, hazlo con la finalidad de acercarte a Dios o como antesala al período de oración de centrado.

Esto no significa, de ninguna manera, que estamos subordinando Kriya Yoga a otra práctica externa, o que le estamos restando importancia. Significa, más bien, que todo, sea Kriya Yoga, la oración de centrado o cualquier método empleado para facilitar sus respectivos ejercicios, se pone al servicio de la unión contemplativa, que es el fin último.


La convergencia de Kriya Yoga y de la oración de centrado en la misma sadhana (práctica espiritual) aporta una dimensión contemplativa muy enriquecedora.


Además, combinar dos procedimientos tan diferentes desde el punto de vista formal pero que tienen una finalidad común tan elevada como es la unión contemplativa es un ejemplo de cómo las grandes religiones surgen de un mismo sustrato universal. Sin duda, la verdad es una, aunque los caminos que permiten acceder a ella son muy diversos.

©2020 by Luis Pizarro