El examen ignaciano


El examen diario es una forma breve de oración que San Ignacio de Loyola incluyó en su libro Ejercicios Espirituales. Desde los días de San Ignacio hasta hoy esta oración forma parte de la rutina diaria de los jesuitas y de aquellos que siguen el modelo de vida ignaciano.

A continuación resumo los cinco puntos del examen tal como yo lo hago. Los dos primeros, agradecimiento y petición de luz, pueden intercambiar su lugar.


  1. Agradecimiento. Iniciamos el examen dando gracias a Dios, bien por algo particular que ha sucedido durante el día y que nos ha hecho sentirnos bendecidos, bien, en general, por la mera presencia de Dios en nuestra vida, por saber que está ahí a pesar de la oscuridad o de la sensación de vacío. La acción de gracias inicial es para mí el mejor punto de partida del examen. Me dispone para un encuentro gozoso con ese océano infinito de sabiduría del que enseguida voy a demandar orientación, luz y guía.

  2. Petición de luz. Pedimos a Dios que nos guíe durante el repaso de los acontecimientos del día. Solicitamos de Dios su gracia para ver cada evento significativo desde su perspectiva, con sus ojos, de manera que no nos quedemos encerrados en nuestra visión parcial, limitada y egoísta.

  3. Revisión del día. Proyectamos en la pantalla de nuestra mente la película que repasa los eventos sucedidos desde la última vez que hicimos el examen hasta el momento presente. No se trata solamente de recordar la sucesión de acontecimientos, sino de ser capaces de percibir cómo nos sentimos en cada evento importante, qué se movía en lo profundo de nuestro ser, y de discernir qué podría estar diciéndome Dios a través de mis sensaciones y emociones. ¿Por qué me sentí de tal manera ante tal hecho? Si tiro del hilo, ¿dónde llego? ¿Qué podría estar diciéndome Dios de esto? Con frecuencia una mala acción de la que no somos del todo conscientes (quizás por no recordarla) provoca en nuestro interior una sensación de desasosiego. Aquello que debemos corregir o mejorar a menudo nos induce inquietud. Durante esta fase del examen revisamos esos sentimientos de desasosiego, intranquilidad, inquietud, desolación, etc para discernir de dónde proceden, qué los está provocando. Si somos sinceros y no nos engañamos a nosotros mismos no es difícil seguir su rastro y descubrir su origen. También hay por supuesto sentimientos de gozo y consolación por todo aquello que hemos hecho bien. Ante la desolación, pedimos luz a Dios para comprender su procedencia y para sanar el mal que pudiéramos haber hecho. En este momento o durante el siguiente punto del examen pedimos perdón por ello. Ante la consolación, damos gracias a Dios por el bien hecho.

  4. Petición de perdón. Una vez repasado el día, hacemos recuento de todo aquello en lo que necesitamos mejorar y pedimos perdón a Dios por el mal hecho.

  5. Preparación del día por venir. Anticipamos los hechos más sobresalientes del día por venir y pedimos a Dios que nos ayude a vivirlos en su presencia.



La imagen adjunta, titulada The Examen,

puede descargarse como un archivo pdf desde el sitio web Ignatian Spirituality.

©2020 by Luis Pizarro